Rezar hoy
domingo 4 de octubre · XXVII domingo del tiempo ordinario
Hoy celebramos
- XXVII domingo del tiempo ordinario
- San Francisco de Asís
«Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente el señor hermano sol, el cual es día, y por el cual nos alumbras.»
San Francisco de Asís · Cántico de las criaturas
La Palabra de hoy
Primera lecturaLectura del libro de Isaías 5, 1-7
Voy a cantar a mi amigo
el canto de mi amado por su viña.
Mi amigo tenía una viña en un fértil collado.
La entrecavó, quitó las piedras y plantó buenas cepas;
construyó en medio una torre y cavó un lagar.
Esperaba que diese uvas, pero dio agrazones.
Ahora, habitantes de Jerusalén, hombres de Judá,
por favor, sed jueces entre mí y mi viña.
¿Qué más podía hacer yo por mi viña que no hubiera hecho?
¿Por qué, cuando yo esperaba que diera uvas, dio agrazones?
Pues os hago saber lo que haré con mi viña:
quitar su valla y que sirva de leña,
derruir su tapia y que sea pisoteada.
La convertiré en un erial: no la podarán ni la escardarán,
allí crecerán zarzas y cardos,
prohibiré a las nubes que lluevan sobre ella.
La viña del Señor del universo es la casa de Israel
y los hombres de Judá su plantel preferido.
Esperaba de ellos derecho, y ahí tenéis: sangre derramada;
esperaba justicia, y ahí tenéis: lamentos.
Palabra de Dios.
Salmo responsorialSalmo 79, 9 y 12. 13-14. 15-16. 19-20R/. La viña del Señor es la casa de Israel
Sacaste una vid de Egipto,
expulsaste a los gentiles, y la trasplantaste.
Extendió sus sarmientos hasta el mar,
y sus brotes hasta el Gran Río. R/.
¿Por qué has derribado su cerca
para que la saqueen los viandantes,
la pisoteen los jabalíes
y se la coman las alimañas? R/.
Dios del universo, vuélvete:
mira desde el cielo, fíjate,
ven a visitar tu viña.
Cuida la cepa que tu diestra plantó.
y al hijo del hombre que tú has fortalecido. R/.
No nos alejaremos de ti:
danos vida, para que invoquemos tu nombre.
Señor, Dios del universo, restáuranos,
que brille tu rostro y nos salve. R/.
Segunda lecturaLectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses 4, 6-9
Hermanos:
Nada os preocupe; sino que, en toda ocasión, en la oración y en la súplica, con acción de gracias, vuestras peticiones sean presentadas a Dios.
Y la paz de Dios, que supera todo juicio, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
Finalmente, hermanos, todo lo que es verdadero, noble, justo, puro, amable, laudable, todo lo que es virtud o mérito, tenedlo en cuenta.
Lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis, visteis en mí, ponedlo por obra.
Y el Dios de la paz estará con vosotros.
Palabra de Dios.
EvangelioLectura del santo evangelio según san Mateo 21, 33-43
En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
«Escuchad otra parábola: “Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó una torre, la arrendó a unos labradores y se marchó lejos. Llegado el tiempo de los frutos, envió sus criados a los labradores para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro y a otro lo apedrearon.
Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último, les mandó a su hijo diciéndose: ‘Tendrán respeto a mi hijo’.
Pero los labradores, al ver al hijo se dijeron: ‘Este es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia’.
Y agarrándolo, lo sacaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?».
Le contestan:
«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo».
Y Jesús les dice:
«No habéis leído nunca en la Escritura:
“La piedra que desecharon los arquitectos
es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente”
Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos».
Palabra del Señor.
Texto del Leccionario de la Conferencia Episcopal Española.
La oración de la Iglesia
Tiempo ordinario · Domingo de la semana XXVII · Salterio III
INVITATORIO
Si ésta es la primera oración del día:
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
Ant. Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva. Aleluya.
Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: PRIMICIAS SON DEL SOL DE SU PALABRA
Primicias son del sol de su Palabra
las luces fulgurantes de este día;
despierte el corazón, que es Dios quien llama,
y su presencia es la que ilumina.
Jesús es el que viene y el que pasa
en Pascua permanente entre los hombres,
resuena en cada hermano su palabra,
revive en cada vida sus amores.
Abrid el corazón, es él quien llama
con voces apremiantes de ternura;
venid: habla, Señor, que tu palabra
es vida y salvación de quien la escucha.
El día del Señor, eterna Pascua,
que nuestro corazón inquieto espera,
en ágape de amor ya nos alcanza,
solemne memorial en toda fiesta.
Honor y gloria al Padre que nos ama,
y al Hijo que preside esta asamblea,
cenáculo de amor le sea el alma,
su Espíritu por siempre sea en ella. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Día tras día te bendeciré, Señor. Aleluya.
Salmo 144 I - HIMNO A LA GRANDEZA DE DIOS
Te ensalzaré, Dios mío, mi rey;
bendeciré tu nombre por siempre jamás.
Día tras día te bendeciré
y alabaré tu nombre por siempre jamás.
Grande es el Señor, merece toda alabanza,
es incalculable su grandeza;
una generación pondera tus obras a la otra,
y le cuenta tus hazañas.
Alaban ellos la gloria de tu majestad,
y yo repito tus maravillas;
encarecen ellos tus temibles proezas,
y yo narro tus grandes acciones;
difunden la memoria de tu inmensa bondad,
y aclaman tus victorias.
El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus creaturas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Día tras día te bendeciré, Señor. Aleluya.
Ant 2. Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo. Aleluya.
Salmo 144 II
Que todas tus creaturas te den gracias, Señor,
que te bendigan tus fieles;
que proclamen la gloria de tu reinado,
que hablen de tus hazañas;
explicando tus proezas a los hombres,
la gloria y majestad de tu reinado.
Tu reinado es un reinado perpetuo,
tu gobierno va de edad en edad.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Tu reinado, Señor, es un reinado perpetuo. Aleluya.
Ant 3. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Aleluya.
Salmo 144 III
El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan.
Los ojos de todos te están aguardando,
tú les das la comida a su tiempo;
abres tú la mano,
y sacias de favores a todo viviente.
El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente.
Satisface los deseos de sus fieles,
escucha sus gritos, y los salva.
El Señor guarda a los que lo aman,
pero destruye a los malvados.
Pronuncie mi boca la alabanza del Señor,
todo viviente bendiga su santo nombre
por siempre jamás.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. El Señor es fiel a sus palabras, bondadoso en todas sus acciones. Aleluya.
V. Hijo mío, haz caso a mis palabras.
R. presta oído a mis consejos.
PRIMERA LECTURA
Comienza el libro de Ben Sirá 1, 1-25
EL MISTERIO DE LA DIVINA SABIDURÍA
Toda sabiduría viene del Señor y está con él eternamente. La arena de las playas, las gotas de la lluvia, los días de los siglos ¿quién los contará? La altura del cielo, la anchura de la tierra, la hondura del abismo ¿quién las rastreará? Antes que todo, fue creada la sabiduría, la inteligente prudencia antes de los siglos. La fuente de la sabiduría es la palabra de Dios en el cielo, y sus canales son los mandamientos eternos. La raíz de la sabiduría ¿a quién se reveló? La destreza desplegada en sus obras ¿quién la conoció?
La ciencia de la sabiduría ¿a quién se descubrió? Su experiencia ¿quién la comprendió? Uno solo es el sabio, temible en extremo: el que está sentado en su trono. Él mismo la creó, la conoció y la midió, la derramó sobre todas sus obras, la repartió entre los vivientes con largueza y se la regaló a los que lo aman.
El temor del Señor es gloria y honor, es gozo y corona de júbilo. El temor del Señor deleita el corazón, trae gozo y alegría y vida larga. El que teme al Señor tendrá buen desenlace, el día de su muerte lo bendecirán.
El principio de la sabiduría es el temor del Señor: ya desde el seno materno acompaña al fiel y se crea con él. Entre los hombres puso su nido para siempre y se mantiene fiel con su descendencia. La plenitud de la sabiduría es el temor del Señor: con sus frutos sacia a los fieles, llena de tesoros su casa y de sus productos las despensas. La corona de la sabiduría es el temor del Señor: sus brotes son la paz y la salud. Dios hace llover la inteligencia y la prudencia, y exalta la gloria de los que la poseen. La raíz de la sabiduría es el temor del Señor, y sus ramas son una vida larga.
RESPONSORIO Sir 1, 7. 10. 1. 9
R. La ciencia de la sabiduría ¿a quién se descubrió? El Altísimo la derramó sobre todas sus obras * y se la regaló a los que lo aman.
V. Toda sabiduría viene del Señor, él mismo la creó.
R. Y se la regaló a los que lo aman.
SEGUNDA LECTURA
De la Regla pastoral de san Gregorio Magno, papa
(Libro 2, 4: PL 77, 30-31)
EL PASTOR DEBE SABER GUARDAR SILENCIO CON DISCRECIÓN Y HABLAR CUANDO ES ÚTIL
El pastor debe saber guardar silencio con discreción y hablar cuando es útil, de tal modo que nunca diga lo que se debe callar ni deje de decir aquello que hay que manifestar. Porque así como el hablar indiscreto lleva al error, así el silencio imprudente deja en su error a quienes pudieran haber sido adoctrinados. Porque con frecuencia acontece que hay algunos prelados poco prudentes, que no se atreven a hablar con libertad por miedo de perder la estima de sus súbditos; con ello, como lo dice la Verdad, no cuidan a su grey con el interés de un verdadero pastor, sino a la manera de un mercenario, pues callar y disimular los defectos es lo mismo que huir cuando se acerca el lobo.
Por eso el Señor reprende a estos prelados, llamándoles, por boca del profeta: Perros mudos, incapaces de ladrar. Y también dice de ellos en otro lugar: No acudieron a la brecha ni levantaron cerco en torno a la casa de Israel, para que resistiera en la batalla, en el día del Señor. Acudir a la brecha significa aquí oponerse a los grandes de este mundo, hablando con entera libertad para defender a la grey; y resistir en la batalla en el día del Señor es lo mismo que luchar por amor a la justicia contra los malos que acechan.
¿Y qué otra cosa significa no atreverse el pastor a predicar la verdad, sino huir, volviendo la espalda, cuando se presenta el enemigo? Porque si el pastor sale en defensa de la grey es como si en realidad levantara cerco en torno a la casa de Israel. Por eso, en otro lugar, se dice al pueblo delincuente: Tus profetas te predicaron cosas falsas y vanas, y no revelaron tu culpa para invitarte a penitencia. Pues hay que tener presente que en la Escritura se da algunas veces el nombre de profeta a aquellos que, al recordar al pueblo cuán caducas son las cosas presentes, le anuncian ya las realidades futuras. Aquellos, en cambio, a quienes la palabra de Dios acusa de predicar cosas falsas y vanas son los que, temiendo denunciar los pecados, halagan a los culpables con falsas seguridades y, en lugar de manifestarles sus culpas, enmudecen ante ellos.
Porque la reprensión es la llave con que se abren semejantes postemas: ella hace que se descubran muchas culpas que desconocen a veces incluso los mismos que las cometieron. Por eso san Pablo dice que el obispo debe ser capaz de exhortar y animar con sana instrucción y rebatir a los contradictores. Y, de manera semejante, afirma Malaquías: De la boca del sacerdote se espera instrucción, en sus labios se busca enseñanza, porque es mensajero del Señor. Y también dice el Señor por boca de Isaías: Grita a voz en cuello, sin cejar, alza la voz como una trompeta.
Quienquiera pues que se llega al sacerdocio recibe el oficio de pregonero, para ir dando voces antes de la venida del riguroso juez que ya se acerca. Pero, si el sacerdote no predica, ¿por ventura no será semejante a un pregonero mudo? Por esta razón el Espíritu Santo quiso asentarse, ya desde el principio, en forma de lenguas sobre los pastores; así daba a entender que de inmediato hacía predicadores de sí mismo a aquellos sobre los cuales había descendido.
RESPONSORIO Sal 50, 15. 16-17
R. Enseñaré a los malvados tus caminos y los pecadores volverán a ti. * Y mi lengua cantará tu justicia.
V. Señor, abrirás mis labios: mi boca proclamará tu alabanza.
R. Y mi lengua cantará tu justicia.
Himno: SEÑOR, DIOS ETERNO
Señor, Dios eterno, alegres te cantamos,
a ti nuestra alabanza,
a ti, Padre del cielo, te aclama la creación.
Postrados ante ti, los ángeles te adoran
y cantan sin cesar:
Santo, santo, santo es el Señor,
Dios del universo;
llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles,
la multitud de los profetas te enaltece,
y el ejército glorioso de los mártires te aclama.
A ti la Iglesia santa,
por todos los confines extendida,
con júbilo te adora y canta tu grandeza:
Padre, infinitamente santo,
Hijo eterno, unigénito de Dios,
santo Espíritu de amor y de consuelo.
Oh Cristo, tú eres el Rey de la gloria,
tú el Hijo y Palabra del Padre,
tú el Rey de toda la creación.
Tú, para salvar al hombre,
tomaste la condición de esclavo
en el seno de una virgen.
Tú destruiste la muerte
y abriste a los creyentes las puertas de la gloria.
Tú vives ahora,
inmortal y glorioso, en el reino del Padre.
Tú vendrás algún día,
como juez universal.
Muéstrate, pues, amigo y defensor
de los hombres que salvaste.
Y recíbelos por siempre allá en tu reino,
con tus santos y elegidos.
La parte que sigue puede omitirse, si se cree oportuno.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor,
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendeciremos
y alabaremos tu nombre por siempre jamás.
Dígnate, Señor,
guardarnos de pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
A ti, Señor, me acojo,
no quede yo nunca defraudado.
ORACIÓN.
OREMOS,
Dios todopoderoso y eterno, que con la magnificencia de tu amor sobrepasas los méritos y aun los deseos de los que te suplican, derrama sobre nosotros tu misericordia, para que libres nuestra conciencia de toda inquietud y nos concedas aun aquello que no nos atrevemos a pedir. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
Texto de la Liturgia de las Horas aprobado por la Conferencia Episcopal Española.
Misterios gloriosos
Cómo se reza el Rosario
- En el nombre del Padre… · Acto de contrición o Credo.
- En cada misterio: se anuncia y se medita un momento; un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria. Se puede añadir la oración de Fátima.
- Al terminar los cinco misterios: las oraciones finales, con la Salve y las letanías (en «Letanías y oraciones finales», al final de los misterios).
Pulsa las cuentas para llevar la cuenta de las Avemarías.
-
1.ºLa Resurrección del SeñorMc 16,1-7 · Fruto: la fe
-
2.ºLa Ascensión del Señor a los cielosHch 1,6-11 · Fruto: la esperanza del cielo
-
3.ºLa venida del Espíritu Santo sobre los apóstolesHch 2,1-4 · Fruto: los dones del espíritu
-
4.ºLa Asunción de María a los cielosAp 12,1 · Fruto: la gracia de una buena muerte
-
5.ºLa coronación de María como Reina de cielos y tierraAp 12,1 · Fruto: la confianza en maría
Letanías y oraciones finales
Por las intenciones del Papa
Padrenuestro, Avemaría y Gloria por las intenciones del Santo Padre.
Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Letanías de la Virgen
- Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
- Cristo, ten piedad, Cristo, ten piedad.
- Señor, ten piedad, Señor, ten piedad.
- Cristo, óyenos, Cristo, óyenos.
- Cristo, escúchanos, Cristo, escúchanos.
- Dios, Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
- Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
- Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
- Santísima Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
- Santa María, ruega por nosotros.
- Santa Madre de Dios, ruega por nosotros.
- Santa Virgen de las vírgenes, ruega por nosotros.
- Madre de Cristo, ruega por nosotros.
- Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.
- Madre de la misericordia, ruega por nosotros.
- Madre de la divina gracia, ruega por nosotros.
- Madre de la esperanza, ruega por nosotros.
- Madre purísima, ruega por nosotros.
- Madre castísima, ruega por nosotros.
- Madre siempre virgen, ruega por nosotros.
- Madre inmaculada, ruega por nosotros.
- Madre amable, ruega por nosotros.
- Madre admirable, ruega por nosotros.
- Madre del buen consejo, ruega por nosotros.
- Madre del Creador, ruega por nosotros.
- Madre del Salvador, ruega por nosotros.
- Virgen prudentísima, ruega por nosotros.
- Virgen digna de veneración, ruega por nosotros.
- Virgen digna de alabanza, ruega por nosotros.
- Virgen poderosa, ruega por nosotros.
- Virgen clemente, ruega por nosotros.
- Virgen fiel, ruega por nosotros.
- Espejo de justicia, ruega por nosotros.
- Trono de la sabiduría, ruega por nosotros.
- Causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
- Vaso espiritual, ruega por nosotros.
- Vaso digno de honor, ruega por nosotros.
- Vaso de insigne devoción, ruega por nosotros.
- Rosa mística, ruega por nosotros.
- Torre de David, ruega por nosotros.
- Torre de marfil, ruega por nosotros.
- Casa de oro, ruega por nosotros.
- Arca de la alianza, ruega por nosotros.
- Puerta del cielo, ruega por nosotros.
- Estrella de la mañana, ruega por nosotros.
- Salud de los enfermos, ruega por nosotros.
- Refugio de los pecadores, ruega por nosotros.
- Consuelo de los migrantes, ruega por nosotros.
- Consuelo de los afligidos, ruega por nosotros.
- Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
- Reina de los ángeles, ruega por nosotros.
- Reina de los patriarcas, ruega por nosotros.
- Reina de los profetas, ruega por nosotros.
- Reina de los apóstoles, ruega por nosotros.
- Reina de los mártires, ruega por nosotros.
- Reina de los confesores, ruega por nosotros.
- Reina de las vírgenes, ruega por nosotros.
- Reina de todos los santos, ruega por nosotros.
- Reina concebida sin pecado original, ruega por nosotros.
- Reina asunta a los cielos, ruega por nosotros.
- Reina del santísimo Rosario, ruega por nosotros.
- Reina de la familia, ruega por nosotros.
- Reina de la paz, ruega por nosotros.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, perdónanos, Señor.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, escúchanos, Señor.
- Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten misericordia de nosotros.
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oremos: Te rogamos, Señor Dios nuestro, que gocemos siempre de perfecta salud de alma y cuerpo, y, por la gloriosa intercesión de santa María, la Virgen, líbranos de las tristezas de esta vida y concédenos las alegrías del cielo. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Bajo tu amparo
Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien, líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Oración final
Oh Dios, cuyo Hijo unigénito, con su vida, muerte y resurrección, nos alcanzó el premio de la salvación eterna; concédenos, a los que meditamos estos misterios del santísimo Rosario de la bienaventurada Virgen María, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen. Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Ángelus
V. El ángel del Señor anunció a María.
R. Y concibió por obra del Espíritu Santo.
Dios te salve, María…
V. He aquí la esclava del Señor.
R. Hágase en mí según tu palabra.
Dios te salve, María…
V. Y el Verbo se hizo carne.
R. Y habitó entre nosotros.
Dios te salve, María…
V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oremos: Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos por su pasión y su cruz a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Oraciones
Padrenuestro
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación,
y líbranos del mal. Amén.
Avemaría
Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
Gloria
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Oración de Fátima
Oh Jesús mío, perdona nuestros pecados,
líbranos del fuego del infierno,
lleva al cielo a todas las almas,
especialmente a las más necesitadas de tu misericordia.
Salve
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y, después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!
Ruega por nosotros, santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Amén.
Credo de los apóstoles
Creo en Dios, Padre todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo,
nació de santa María Virgen,
padeció bajo el poder de Poncio Pilato,
fue crucificado, muerto y sepultado,
descendió a los infiernos,
al tercer día resucitó de entre los muertos,
subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de la carne
y la vida eterna. Amén.
Ángel de la guarda
Ángel de la guarda, dulce compañía,
no me desampares ni de noche ni de día.
No me dejes solo, que me perdería. Amén.
Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero,
Creador, Padre y Redentor mío;
por ser vos quien sois, bondad infinita,
y porque os amo sobre todas las cosas,
me pesa de todo corazón haberos ofendido;
también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.
Ayudado de vuestra divina gracia,
propongo firmemente nunca más pecar,
confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.
Acordaos (san Bernardo)
Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorado vuestro auxilio y reclamado vuestro socorro,
haya sido abandonado de vos.
Animado con esta confianza, a vos también acudo, oh Madre, Virgen de las vírgenes,
y aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
No desechéis, oh Madre de Dios, mis humildes súplicas;
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente. Amén.
Bendita sea tu pureza
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía. Amén.